Estrellas en la acera (o como errabundear un domingo veraniego)

Una tarde de domingo veraniego tiene el peligro de convertirse en esas escenas añadidas en las películas, esos minutos metidos con calzador y que casi nunca añaden nada nuevo. Uno puede sucumbir a la tentación de dejar pasar las horas en la piscina o en casa, aplastado por el calor y ahogados en el bochorno de la dejadez. Lánguidos incluso. A nosotros nos pasó eso hace poco, pero como Rick Deckard, soñamos un particular unicornio en la siesta, y como maestros de origami le dimos forma poco a poco a la tarde; perezosa y tranquila como corresponde a una tarde de domingo sin fútbol, pero provechosa. Ahí va una propuesta que vale para cualquier tarde holgazana: cine y errabundeo por las cercanías de plaza de España.

¿Alguien duda que Deckard era replicante?

¿Alguien duda que Deckard era replicante?

Lo primero que hicimos fue abandonar el coche en una sombra perdida cerca del abarrotado Templo de Debod y afrontar la peregrinación por el asfixiante Madrid veraniego con la mejor de las sonrisas. Callejeamos hasta los cines Renoir, curioseando escaparates y nuevos locales mientras sorteábamos los mil obstáculos que siempre te aguardan en las aceras de ésta ciudad. Cerca de los cines, Martin de los Heros se viste de Hollywood cañí, con aceras decoradas de baldosas con estrellas dedicadas a actores, actrices y directores patrios. Un poco casposo. Y así, pisando celebridades, llegamos a los Renoir, quizás las mejores salas de Madrid para ver cine en VO y sobre todo, ese cine difícil de ver en otras que vendieron su alma al mainstream. Compramos un par de entradas para “Searching for Sugar Man” y cómo aun nos quedaba tiempo, decidimos vagabundear un poco por la zona. Primero dimos una vuelta por la Plaza de España, ese patio comunal, cruce de caminos, dónde Madrid se abandona y más se parece a sí mismo, esos genes de pueblo grande, ese aire somnoliento del que duerme a deshora y no le importa lo que piensen. Turistas peregrinos, inmigrantes estrepitosos, abuelos varados y jóvenes excitados que se derramaban por sus aceras o se abandonaban en el césped, en cualquier sombra, dominados todos por Quijote y Sancho y la solida y abandonada Torre de Madrid, en su día el edificio de hormigón más alto del mundo y hoy ejemplo de la incapacidad española de aprovechar sus potencialidades.

Con la Plaza de España hemos topado, amigo Sancho

Con la Plaza de España hemos topado, amigo Sancho

Al final, asfixiados por el calor, decidimos exprimir los últimos minutos antes de buscar el aire acondicionado del cine en la librería, y ahora también cafetería, Ocho y medio, justo enfrente de los cines. Habitual refugio para cinéfilos y gafapastas. Para quién quiera saber sobre cine y su circunstancia, la mejor opción. Y encima ahora puedes tomar un café o picotear a buen precio. O comprar alguna chorrada relacionada con el cine (véase figurilla de plastilina de Jack Nicholson en El Resplandor), cosa que es debilidad para mí, las chorradacas como concepto decorativo-vital, un póster de Star Wars y una librería desordenada son el súmmum del refinamiento estilístico para una casa para mí. Mi musa difiere en este punto. Es la hora, vamos al cine.

Después de ver uno de los mejores documentales en mucho tiempo (necesario incluso), salimos, tarareando y encantados, de nuevo a la calima madrileña..silver magic ships you carry…jumpers, coke, sweet Mary Jane…dudamos si comentar la jugada tomando algo en alguno de los nuevos locales que han surgido en las orillas de la calle o dar un último paseo antes de volver. Son muchas las opciones que uno tiene para un refrigerio antes o después de la peli, desde un poco de sushi en Samosan a una crep en L’Art Creperie, de una quesadilla con tequila en la cantina Colorado Express a una cena romántica en El Apartamento del nº5.

Un poco de Egipto en Madrid es mucho

Un poco de Egipto en Madrid es mucho

Pero dejamos para otro día ese tour por las cocinas del mundo y decidimos decir adiós a la tarde como unos guiris más, desde el Templo de Debod, hablando de la película y mil cosas más. Muelle sin mar, su atardecer costero es de los más visitados de la capital, sobre todo por parejas y coleccionistas de recuerdos. Aunque quizás la vista más curiosa es la que hay a la espalda del mirador, con el templo egipcio en primer plano y Madrid de fondo, anacrónicamente fotogénica. A su alrededor, la fauna urbana construye un particular ecosistema: una chica versionea “La chica de Ipanema” al violonchelo, niños jodiendo con la pelota, frikis que juegan a ser Jedis, enamorados asomándose a los ojos de su pareja…Sugar man you’re the answer that makes my questions disappear…sonríes, sonrío, me gustan nuestras tardes de domingo.

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