De viñedos y castillos

Tierra reivindicada por poetas, del color del vino y con olor a tierra mojada, se ha escrito que Francia puede que un día deje de existir, pero el Périgord sobrevivirá “cómo sobreviven los sueños de los que se nutre el alma humana”. A principios de verano incansables viajeros y fieles seguidores de la doctrina “Un día es un día” recorrieron sus caminos medievales entre viñedos y châteaux

Se adentraron al Périgord por Burdeos, ciudad noble y superlativa, capital de Aquitania. Con un monumental centro histórico, otrora dormido y hoy despertando ante los ojos del viajero, toda ella parece orbitar en torno a una ciclópea plaza de la Bourse, como el fondo de una enorme copa, rodeada de elegantes edificios y salpicada de cafés y de vida. Tiene espíritu de tierra y ojos del color de su nombre, por el vino, todo por el vino. Lo mismo da decir vino que decir Burdeos…y eso vale para toda la zona. “En el vino está la verdad”, decía Platón…y ya los romanos encontraron aquí motivos sobrados para creer. La errabunda Cabernet-sauvignon del Medoc, la negra merlot de Saint Emilion o la terrosa malbec de Cahors; sus nombres y sus paisajes asociados fueron sus puntos cardinales, su mapa de ruta y su inspiración en el descanso…

La plaza era un vaso a punto de rebosar

La plaza era un vaso a punto de rebosar

Allí estaban, en la antigua tierra de vinos y rocas, dónde se respira a través de la uva y se mide el tiempo en cosechas. Se llegue desde Burdeos (cómo fue su caso) o desde Toulouse, su paisaje tapizado de viñedos y salpicado de antiguos châteaux  o casas solariegas con bodegas centenarias, te atrapa poco a poco, como el sueño después de un buen banquete, y te envuelve sin remedio. No es de extrañar por tanto que Montaigne, el insigne humanista, se retirase a su château familiar, cerca de Saint Emilion (precioso pueblo, por otra parte, que merece la pena visitar), dónde se encerró para escribirse en esa larga charla consigo mismo y con su tiempo que es Essais. Sin embargo, su legado se emborrona con la dejadez y la desidia de quienes quieren lucrarse con su recuerdo, organizando visitas a sus desastrados aposentos, heridos de muerte por el abandono y el olvido de quién debía ensalzar la memoria de quién dijo cosas como que la prueba más clara de sabiduría es una alegría continua.

 
A la orilla de los ríos crecen châteaux

A la orilla de los ríos crecen châteaux

Y siguiendo los sabios consejos del ensayista, pronto olvidaron su decepción, gracias a la multitud de encantos paisajísticos y culturales que guarda la comarca del Périgord. Entre ellos, su rico legado de restos prehistóricos, que nos remiten a un remoto pasado, cuando el bosque hablaba y el hombre comenzaba a soñar con innumerables futuros en la oscuridad de la cueva. Alguno de esos soñadores de sueños nos regaló las pinturas de Lascaux, aunque ahora solo puede verse su detallada reproducción. Pinturas equiparables en su calidad y número a las de Altamira, con representaciones asombrosamente geniales de toros, caballos y ciervos. Otro lugar que impactó a nuestros viajeros fue la Roque de San Christophe, dónde uno puede remontarse la línea a sus principios y sumergirse en una “ciudad” troglodita , leer la roca y sentir como vivieron aquellos hombres, desde los primitivos tiempos a la oscura Edad Media, aprovechando con una pragmática inteligencia el valor de unas formaciones geológicas tremendamente singulares.

Érase una ciudad a un personaje asociada

Érase una ciudad a un personaje asociada

Y es que el paisaje es el Périgord y el Périgord es su paisaje. Los colores que la definen, desde el verde de sus viñedos y sus verdes prados hasta el blanco de su corazón calcáreo, del negro de su alma de trufa escondida en oscuros bosques al púrpura del caldo que le da la vida y por la que vive. Pasando por el azul de sus ríos que con su inexorable lógica, configuraron estampas de valles de ensueño y profundos acantilados.  No es de extrañar que sus habitantes se hayan acomodado tan bien a este idílico lugar, queriendo disfrutar de él sin cambiar mucho unas costumbres y unos pueblos que nacen de su entorno mismo. Todo está salpicado de pequeñas villas con el encanto de un pasado presente en cada esquina, con un celebrar el ritmo natural de las cosas. El Medievo aquí se recorre casi en cada parada, cómo si por decisión propia, hubiesen decidido saltarse los océanos de tiempo hasta plantarse en la actualidad. Entre tanta oferta, ellos recitan como en un antiguo salmo los nombres que les enamoraron en su errabundear:  las calles de Sarlat La Caneda, el literario Bergerac, el antiguo Saint Leon sur Vezerre, Saint Amand de Coly, Beynac, Belvés, La Roque-Gageat, Brantome o la capital Perigueux, los castillos de Castelanaud o Hautefort…

 “-Y además estaba Rocamadour-dijo la Maga”. Sí, Rocamadour. Desafiando la gravedad a pecho abierto del Causse, con el río Alzou a sus pies. Inspiración y destino de artistas y santos, su belleza y su entorno sirven de reposo a un santo y de culto a una virgen negra. Los siglos se amontonan uno sobre otro, remontando la montaña. Sobre la villa el monasterio, sobre el monasterio el castillo, sobre una edad la otra, abrazados siempre a la roca, al misterio lítico. Reyes, predicadores o marinos, famosos o desconocidos, peregrinaron por esta ciudad desnivelada, adentrándose poco a poco en el acantilado, donde descansa Durandal en la roca. 216 peldaños conducían a los santuarios, ¿qué empuja el ascenso del nuevo peregrino? La curiosidad o el reto, quizás desafiar el vacío, puede que incluso contemplar simplemente el camino recorrido. Para recordarlo y contarlo, quizás, una tarde de domingo, con una copa de Burdeos en la mano y hacer buenas las palabras de Borges, “vino, enséñame el arte de ver mi propia historia, como si esta ya fuera ceniza en la memoria”.  

A la montaña abraza, espera Rocamadour

A la montaña abraza, espera Rocamadour

PD: Quiero agradecer a mis padres que compartieran conmigo sus vivencias, sus recuerdos, su sabiduría y sus fotos. No exactamente en ese orden.

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2 pensamientos en “De viñedos y castillos

  1. Isaac, no conozco esas tierras y esos lugares, pero según leía tu relato sentí que estaba en ellos e incluso olía ese vino mientras lo degustaba. Esos sueños de los que se nutre el alma sobrevivirán en todos los que hemos leído tu relato.
    Un beso
    Charo

  2. para finales del 2015 espero convertir mi sueño en realidad.viajare a España,e ire directo a Castilla y Leon,a la comarca del BIERZO especificamente al pueblo de Valdeparado,pueblo este que pertenece al ayuntamiento de Palacios del Sil. Deseo conocer y caminar todos los valles,pueblos,rios y brañas que anduvo mi abuelo paterno. Quiero ir al monte Catoute,a la sierra del Miro,al rio Ceronciello,a la sierra de los Ancares,quiero caminar paso a paso el pueblo de Valdeprado,quiero volver al pueblo madre de mis ancestros. Saludos a todos

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