Playas ausentes, cervezas frías y pura vida

El omnipresente verdor

El omnipresente verdor

Decíamos que esperábamos la barca que nos llevase a ver las famosas playas donde desovan las tortugas que dan nombre al parque y al pueblo que, agarrado a la escasa tierra que asoma entre el agua dulce y el mar, sobrevive gracias al turismo y la naturaleza (fuente de riqueza inagotable para quien sepa verlo). Nuestro guía sería Henry, la personificación de la parsimonia misma. En una barca salvamos el trecho de agua que nos separaba del pueblo y la costa, en medio de un pequeño caos de barcas, como en una ciudad inundada en hora punta.

Tortuguero Town

Tortuguero Town

La costa caribeña aquí no es la estampa paradisíaca que se vende en folletos; la playa, larguísima, tenía ese aíre triste y gris de las costas olvidadas e invernales, con multitud de recuerdos arrastrados por la marea. Quizás por eso lo han elegido las tortugas, evitando lugares más turísticos. Me caen bien esas tortugas. No tuvimos la suerte de coincidir con el desove, pero aun así hay que venir y verlo. Recorrimos aquellas arenas, tostadas y llenas de ausencia en ese momento, en desordenado orden hasta el pueblo de Tortuguero. Allí, el grupo que se había formado en la barca se diseminó como los restos de un meteorito en la atmósfera, pero ni eso perturbó al imperturbable Henry.

La playa ausente de tortugas e invadida de turistas

La playa ausente de tortugas e invadida de turistas

El bullicioso pueblecito se ofrece al turista con humilde orgullo, exhibiendo sus fuertes raíces afrocaribeñas y sin perder ese ritmo pausado del que vive esperando lo que trae la marea. Nosotros anduvimos sin destino fijado por la desvencijada calle principal, a cuyos lados se distribuyen tiendas de recuerdos, casas, algún hotelito y barecillos que miran a la laguna, nunca al mar. De todas las ofertas que nos hicieron solo claudicamos ante el refrescante coquito caribeño, con un sabor inclasificable que nos acompañó un buen rato. ¡Ay el coquito! Nunca se está a salvo de caer en un estereotipo. Para borrar el mal sabor de boca terminamos por entrar en La Taberna, que como los más perspicaces habrán adivinado, era un curioso barecillo con tranquilas vistas al canal, con el volumen justo de reagueton y que nos ofrecía cerveza fría y un amable atardecer. Son sin duda estos momentos los que merecen la pena: los mejores amigos, cerveza fría y disfrutar de la agradable sensación de estar a millones de kilómetros de cualquier lugar común. Ni la inexplicable estatua a tamaño natural de Jar Jar Binks que decoraba el destartalado lugar podía estropear ese momento.

Improvisado parking en el centro de Tortuguero

Improvisado parking en el centro de Tortuguero

Pero Henry no esperaba por nadie (literal) y tuvimos que volver a la barca, y en la barca al hotel, porque a la mañana siguiente las primeras luces nos verían deslizándonos por los caños entre el verdor de la selva. Y tras la noche, ruidosa y enigmática, y antes del amanecer, saltamos de nuevo a otra barca entre bostezos, para ir al encuentro del alba rota de vida y, como decía el poeta, oxigenar de veras el alma y los pulmones. Se olvida pronto el madrugón al deslizarse en silencio por esos canales, mientras la neblina se disipa y en silencio espías el espeso verdor, los infinitos animales que no desvelarán sus secretos voluntariamente al indiscreto, como voyeurs selváticos.  Cámara en mano acechábamos el agua y los arboles, dispuestos a “disparar” a todo lo que se moviese. No íbamos en busca del Coronel Kurz, pero lo parecía. En las copas los capuchinos saltaban de árbol en árbol, y los monos aulladores hacían resonar sus gargantas. Perezosos, basiliscos, iguanas se escondían entre las ramas. Los caimanes lo hacían entre los troncos y las hojas que flotaban en el agua opaca. Y aves, montones de aves. Una explosión de vida que no te puede dejar indiferente. Realmente merece la pena venir, madrugar y lo que haga falta. Pura vida, sí señor.

Amanecer en la selva

Amanecer en la selva

 

Cría de caimán

Cría de caimán

 

Sitting on the dock of the bay

Sitting on the dock of the bay

 

 

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2 pensamientos en “Playas ausentes, cervezas frías y pura vida

  1. Gracias por el comentario que has dejado en mi blog (http://detapasporsevillayotrascosillas.blogspot.com.es/), acabo de leer tu gran entrada y me traen recuerdos de hace unos años cuando recorrí Costa Rica con mi mujer y mi hija mochila en ristre, 21 hermosos días por Cahuita, Bocas del Toro (Panamá), Monteverde, Volcán Arenal, Punta Tambor, Manuel Antonio, etc. Inolvidable. Tengo escrito un librito que quizás algún día publique en el blog. Felicidades por tu trabajo

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