Los ritos del tapeo y otros quehaceres del turisteo en León

Como el invierno de Camus, León siempre guarda en su interior un verano invencible. El frío norte que uno evoca al pensar en la ciudad se funde como el hielo en un gin-tonic en la terraza del Ginger en mitad de la calle Ancha, río peatonal que separa los dos barrios más famosos- el Húmedo y el Romántico- y pasarela por donde desfila la ciudad. El campamento de la mítica Legio VII romana se ha transformado, tras mil y un renaceres, en una ciudad palpitante, vital y regia. A ello, sin duda, contribuye su culto al viejo arte del tapeo.

La animada Plaza de San Martín, centro del tapeo leonés

La animada Plaza de San Martín, centro del tapeo leonés

La pulchra leonina, de luz y espacio

La pulchra leonina, construida de luz y espacio

Son varias las zonas donde homenajearse, aunque el clásico es Barrio Húmedo, donde el rito se oficia en cada una de sus medievales callejuelas. Si su centro geográfico es la pulcra Plaza Mayor, donde se levanta un animado mercado a los pies del herreriano consistorio, el centro neurálgico es la Plaza de San Martín, a partir de la cual conviene gravitar para tapear. El Llar, dónde nos aleccionaron sobre “los cortos”; El Botijo, setentero y con una cecina espectacular, las croquetas del Rebote…O mi preferido, La Alpargata, escondido y asediado por las omnipresentes despedidas de soltero y soltera, no parece que tenga nada especial, pero lo tiene todo: un dueño de lo más risueño, Mahou bien fresquita y tapas como los cojonudos (huevo de codorniz a la plancha), mariconadas o garbanzos, pasando por su deliciosa oreja guisada.

Cuándo uno ya está bien alimentado o simplemente no puede más, es buena política acercarse sin prisa a una de las joyas de la ciudad, la pulchra leonina, su catedral. Gótica, esbelta, elegante, afrancesada…a uno se le van acabando los calificativos. Son cinco euros bien invertidos. Está construida con espacios y luz, es ligera, ingrávida. Desde la emblemática portada hasta sus magníficas vidrieras, todo en ella es emblemático. Su contrapunto es la Colegiata de San Isidoro, la otra visita obligada. Maciza, sólida, profunda como el tiempo. Sus recias bóvedas salvaguardan su Panteón, obra maestra románica decorada con pinturas del siglo XIII que recrean escenas bíblicas y mundanas con una originalidad y maestría sin igual. Lástima que pese a los avisos, la incultura de la gente las ponga en peligro con furtivos flashes inmisericordes.

Pero esta antigua capital y noble ciudad tiene muchas más sorpresas. Al comienzo de la calle Ancha, se encuentran el renacentista Palacio de los Guzmanes o la gaudiana casa Botines, en la que el genial arquitecto quiso reinventar el gótico. Es curiosa también la casa Sierra Pambley, en la Plaza de la Regla o de la Catedral, una casa museo que invita a un viaje al siglo XIX y la vida de una familia ilustrada de provincias. Las intermitentes pero monumentales murallas o el moderno y colorido Museo Contemporáneo son también muescas interesantes para la memoria del viajero. O el esplendoroso Hostal de San Marcos, cuyos platerescos muros prisión de un poeta han sido, hospital y templo para peregrinos, y, ahora, Parador para algunos afortunados.

Aquí la casa Botines, aquí el Palacio de los Guzmanes

Aquí la casa Botines, aquí el Palacio de los Guzmanes

Pero si un rincón de León nos sedujo especialmente, esa fue la plaza del Mercado o del Grano…en busca de un anfiteatro perdido dimos con este lugar lleno de discreto encanto, a las espaldas del Barrio Húmedo. Su también pulcra iglesia románica, su aire de siesta, su empedrado y sus pórticos. Sentarse en la fuente que se levanta en su centro, y que simboliza los ríos Bernesga y Torío, es una buena forma de asimilar despacio lo visto y andando, repasar sin prisa lo vivido, y, si aún hay ganas, descansar para acabar el día tapeando por el Barrio Romántico, menos caótico pero con otros tesoros que degustar. Nuestra recomendación: los bocatines de calamares del Monalisa con una copita de vino. León bien merece un homenaje.

En medio de la ciudad, un descanso para la  peregrina

En medio de la ciudad, un descanso para la peregrina

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